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Aprendiendo a aprender

Personas y perros no dejamos de aprender durante todo nuestro ciclo vital. Las personas hablan muchísimo sobre las conductas que aprenden los perros, cualquiera en un paseo puede recibir una “lección” de manos de un... “experto de parque”.

Del mismo modo que para prevenir y tratar problemas de conducta en perros es imprescindible conocer el comportamiento canino, para enseñar es esencial conocer los procesos de aprendizaje.

Aprendizaje es un proceso por el que la experiencia o la práctica produce un cambio relativamente permanente respecto a lo que uno es capaz de hacer.

Aprendizaje es un cambio duradero en los mecanismos de conducta que implica estímulos y/o respuestas específicas y que es el resultado de la experiencia previa con esos estímulos y respuestas.

Los perros (y las personas) progresivamente aprenden a valorar opciones, a saber qué hacer para solucionar problemas (más o menos importantes) para acabar comportándose ante las situaciones según la utilidad (que conocieron / percibieron / interpretaron) de sus logros obtenidos mediante un comportamiento parecido, usando la misma reacción frente a un estimulo concreto.

Personas y perros:

Aprendemos durante todo el ciclo vital

Recibimos y emitimos información desde que llegamos al mundo

Aprendemos lo que podemos y no podemos hacer (comer, tocar, correr, jugar…)

Aprendemos conductas, incluso las que nos dañan o limitan

Podemos aprender de forma inconsciente (no voluntaria)

Para ambos, el aprendizaje influye en la conducta.

Un comportamiento puede ser realizado sin haberse aprendido, no es lo mismo aprender que ejecutar.

En el aprendizaje aparece un cambio en el comportamiento (por ejemplo la ejecución de una respuesta nueva). El cambio en la conducta es el que indica el aprendizaje.

Beber agua de un bebedero nuevo puede depender de la sed o de saber dónde está. Una de las dos cosas no requiere aprendizaje.

La ejecución es la acción de un organismo en un momento específico. Ejecutar (hacer o no alguna cosa) depende de varios factores: oportunidad, motivación, capacidades sensoriales, capacidades motoras y aprendizaje. Pese a esto, un cambio en la actitud no tiene porque ser una afirmación del aprendizaje.

Beber agua del bebedero depende: si hay, si llega, si puede agachar el cuello…

Existen cambios en la conducta tan breves o faltos de experiencia que tampoco podemos considerar aprendizaje. No puede considerarse aprendizaje los cambios en la conducta producidos por: fatiga, cambios en las condiciones estimulares, alteraciones en el estado fisiológico o maduración.

Tolman y Honzik (1930) introdujeron el término aprendizaje latente, que describe el aprendizaje que no se revela antes de cierto tiempo. Este concepto reconoce la diferencia entre aprendizaje y ejecución.

Las personas no ignoramos que existen diferencias entre lo que somos capaces de hacer y lo que hacemos en realidad. Observemos bien a los perros, ¿Qué son capaces de hacer? ¿Qué es lo que hacen en realidad?

No hay una teoría que unifique todos los aprendizajes, si embargo, gracias al aprendizaje, los animales podemos adaptarnos a los cambios en el ambiente.

Llamamos conducta a los patrones relacionados con el aprendizaje que hacen que un individuo se comporte de un modo determinado. El aprendizaje influye en la conducta, pudiendo ser esta fruto del aprendizaje.

Cuando un perro (o persona) obtiene una recompensa por comportarse de una manera determinada, tenderá a repetir ese comportamiento. Existen multitud de conductas establecidas por refuerzos positivos obtenidos a corto plazo por ciertos comportamientos que a medio/largo plazo son perjudiciales (pudiendo generar dependencias, miedos, etc.)

Por lo tanto, los perros se comportarán ante determinadas situaciones según su experiencia, sabiendo lo que hacer para solucionar posibles dificultades, usando un comportamiento que saben que anteriormente dio resultado y les hizo obtener un beneficio.

Aprender de forma amable:

Teniendo unas características psicológicas parecidas, especialmente si hablamos de instintos y conducta, cabe reflexionar sobre cómo están aprendiendo nuestros perros y como les gustaría aprender. ¿Cómo os gustaría aprender a vosotros? Yo tengo claro que desde la amabilidad y el respeto.

Lo que sucede en el entorno es fundamental, si el perro está en un entorno de estrés, tensión y /o gritos, estaremos añadiéndole estrés al perro. Si su entorno es calmo, recibirá calma.

El estrés prolongado daña seriamente el aprendizaje (y plasticidad sináptica y defensas inmunes).

Es importante un ambiente equilibrado y una actitud paciente, no “subir el tono” cuando veamos una “equivocación”.

Si alguien necesita intervenir constantemente en lo que hace el perro, que use todo el empeño y energía que ponía en ver lo que el perro “hace mal” para estar pendiente de cuando acierta o intenta acertar y reforzarlo (en lugar de corregirlo). Luego en su interior ya estudiará el porque de si hay algún “fracaso”.

En muchas casas hay normas impuestas sin razón, explicación o ni siquiera opción a modificación que van directamente contra el bienestar del perro. Deberíamos evitar el “porque siempre ha sido así” y pensar en las necesidades de nuestros amigos caninos.

Algunos de los problemas más planteados por las personas que conviven con perros son: marcaje con orina, cavar agujeros, saltar, ladrar, destrucción, masticar. (Houpt, 1985)

Claro… ¿y porqué los perros actúan así? Analicemos desde su punto de vista: ¿están haciendo algo tan raro?

Sería ideal, en vez de imponer la norma de que eso no se hace más, llegar a un acuerdo sobre por ejemplo en qué lugar del jardín pueden cavar.

Cuando creemos estar delante de un comportamiento aprendido que nos disgusta no deberíamos cuestionar porqué el perro está actuando así, deberíamos hacerlo sobre qué le lleva, cual es el problema de fondo para que termine actuando así y sobre qué podemos hacer para solucionarlo.

Para ello, la comunicación es fundamental.

La comunicación se da cuando un animal responde a las señales emitidas por otro animal. Ha evolucionado como un beneficio mutuo para ambos, el emisor y el receptor” (Manning y Dawkins, 1998)

Para poder empezar a enseñar, primero tenemos que aprender a comunicarnos, a decodificar los mensajes, a enviarlos correctamente. Es buena idea empezar por observar las Señales de Calma de vuestros amigos, interpretarlas, contestarlas y lograr una buena comunicación.

La comunicación eficaz es esencial para la formación y el mantenimiento de relaciones sociales estables, sean intra o interespecíficas. Existen tres métodos principales en perros: auditivo, olfativo y visual” (Bradshaw y Nott, 1995).

Tengamos en cuenta:

Todos conocemos a personas que usan técnicas con las que no estamos de acuerdo, o se dirigen a sus perros de forma peyorativa, incluso afirman que no aprenden porque son “tal o cual etiqueta”. No podemos confrontarnos con ellas para intentar que aprendan que eso no está bien, no solo porque seguro que esas personas hacen lo que creen que es mejor para sus perros, sino que también entraríamos en contradicción con todo lo que acabamos de ver sobre el aprendizaje. Hay que encontrar otra manera para enseñárselo, el ejemplo (que puedan observar sin ser obligados a ello) es una buena opción.

Si queremos enseñar, tenemos que aprender. La importancia de conocer el proceso de aprendizaje va ligada a las pretensiones de enseñar, puesto que para ello es importante entender el proceso.

Estar pase lo que pase, respeto, tolerancia,… jamás deberían faltar en las enseñanzas ni en el aprendizaje.

Para terminar, una reflexión: Si no tuvieras miedo… ¿Qué harías?


Bibliografía:
- ¿Por qué las cebras no tienen úlcera? Robert M. Saplolsky
- Psicología. Fundamentos y aplicaciones. Stephen Worchel, Wayne Shebilske
- Guía práctica de la psicología. Dirigida por el Dr. J. A. Vallejo-Nágera. José Miguel López-Ibor, Juan José López-Ibor, Elena F. L. Ochoa, José Luis Pinillos, José María Poveda, Enrique Rojas.
- Principios del aprendizaje y conducta. Michel Domjan.

Cinta Marí