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La fractura de "lo correcto"

A menudo hablamos sobre la empatía, puede que la palabra nos suene de algo, que tengamos claro que es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”, la capacidad de ponernos en su lugar… parece fácil ¿No?

Habitualmente pensamos que es “correcta” la relación que tenemos con los perros con los que convivimos, siempre ha sido así, por lo tanto “debería serlo”. Podríamos, o deberíamos, ya que disponemos de la capacidad de hacerlo, ponernos en su lugar e intentar comprender cómo se sienten. Os invito a jugar.

El día a día

Mi perro está bien aquí, tiene un gran terreno por donde correr y jugar, no le hace falta salir a pasear”. Bien, imaginemos que estamos en una gran mansión, tiene muchas habitaciones, muebles bonitos, un cómodo sofá, bonita cocina, jacuzzi,… El inconveniente es que no podemos salir de ahí, no disponemos de libros, ta, radio, compañía, y todos los días comemos un extraño preparado.

Preguntas a tener en cuenta: ¿Cuánto tardaríamos en enfermar física y mentalmente? ¿Cómo reaccionaríamos ante una visita inesperada? Si un día logramos salir ¿Sabríamos relacionarnos con el resto de personas, olores, sonidos…? ¿Seríamos capaces siquiera de lograr escuchar un “tranquila, no sucede nada”? ¿Cuál sería nuestro nivel de miedo, de alerta? Son muchas las preguntas que nos podemos plantear.

Caricias y manipulación

Acaricio a mi perro cuando, donde, y en el momento que quiero, tiene que aceptarlo porque si”.

Si estás conforme con esta afirmación, te ruego que hables con tu pareja, madre, padre, hijo/a, o amigo/a y le pidas que se comporte así contigo durante unas horas… Ni siquiera de la persona que más queremos nos apetecen caricias en cualquier momento, aún menos si le dices “relájate” y sigue “molestando”… pensemos un poquito.

Al perro esto le encanta”. Esta es una de las afirmaciones más peligrosas que conozco, y una de las que acaba por respetarlos menos.

Aquí recomiendo encarecidamente informarse y lograr reconocer el lenguaje de los perros: LAS SEÑALES DE CALMA*, la forma que tienen de comunicarse entre ellos y hacia nosotros, el lenguaje que conocen, con el que se calman a sí mismos, transmiten calma, hacen que otros se sientan más seguros y sepan sus intenciones, permite un ambiente armónico entre ellos, evita peleas…

¿Seguro que al perro le encanta?

Correcciones

Muchas relaciones se basan en eso. “Sigue leyendo, no, no vayas tan rápido, espera, te has saltado una palabra, pero pon recta la espalda, así te vas a dejar los ojos, shhhh, ehhhh, no te muerdas las uñas, no cruces las piernas, que te he dicho que pongas recta la espalda, es que no escuchas, ¡que te he dicho que así no!, no gires la cabeza, sigue leyendo, pero relájate que no te estoy diciendo nada malo, hazme caso de una vez, la espalda más recta, eres más desobediente…”

Esto sería el equivalente a las “correcciones” que se les hace habitualmente a los perros, pero mucho más suave. Como hemos visto, incomodan (por decirlo suavemente) y mucho. ¿Somos conscientes de todo el daño que podemos causar con las correcciones?

Ordenes

Ven, sienta, espera, quieto,… a simple vista algo necesario en algún momento, entonces ¿Puede resultar eso malo?.

Juguemos con distintos factores a tener en cuenta

1. ¿Cómo lo han aprendido?

Pídele a una persona que te siente a la fuerza en un momento inesperado a la vez que te dice ¡sienta!, terminado el ejercicio siéntate y verás cual es el “recuerdo o imagen” que te viene al sentarte ¿Es agradable? ¿Lo sería que esa persona te volviera a decir sienta? ¿Y otra?.

Ahora que te lo pidan de forma amable, por favor y que te den las gracias ¡menudo cambio!.

2. Para qué lo usamos.

Se puede usar para facilitar la convivencia y se puede usar para ponerle una zancadilla al día a día de nuestro compañero (aun habiéndolo aprendido de forma amable).

Imaginad que os levantáis por la mañana y la persona con la que convivís empieza: ven aquí, cómete el desayuno, ven al baño que tengo que peinarte, pero siéntate, estate quieta, vamos que tenemos que ir a comprar ponte tu bolso, espera que no sé donde tengo las llaves, no bajes tan rápido las escaleras, aquí junto, no mires los escaparates, junto, ¿Cómo que vas a saludar a tu amiga? Siéntate y quieta.

Juguemos también con

Collares y arneses: Los hay de varios tipos, incluso para torturar. ¿Nos resultaría cómodo pasear siempre atados? ¿Y si encima nos ahogamos, pinchamos o electrocutamos?

Pasear siempre en los mismos lugares, viendo las mismas cosas, la misma gente…

La obligación de ir al gimnasio, aunque necesitemos descansar.

Castigos, golpes, “toques”.

La incomprensión de nuestro lenguaje por parte de los demás, lo difícil que nos resulta que nos dejen en paz…

Os invito a jugar con las cosas, situaciones, y relaciones con vuestros amigos de cuatro patas, os invito a fracturar mitos y costumbres que no llevan a ningún lado… salvo a la incomodidad. Aprendamos de y con ellos, son unos grandes y ejemplares maestros. Como poco, se merecen un poquito de educación por nuestra parte.

*Lectura recomendada:

El lenguaje de los perros. Las señales de calma. Turid Rugaas. kns ediciones

Cinta Marí