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Sin castigos

Las circunstancias sociales en las que vivimos hacen que la gente tenga más tiempo para convivir con sus perros y ello les lleva por un lado a intentar educarles y por otro a tener más problemas de convivencia. Ambos tienen que hacer un ejercicio de aprendizaje, enseñanza y adaptación importante.

Sucede que las personas cada vez estamos más frustradas, lo que lleva a ser más infelices, esto se traduce en mayor estrés, podríamos continuar la cadena pero el resultado sería llegar al mismo sitio… En situaciones adversas usamos castigos.

Cuando a las personas les “falla la paciencia” desaparece la tolerancia. Cuando el estrés oprime aparecen los gritos.

No existe un medidor de castigos estándar que nos diga si un grito está en el punto 3 o 7 de castigo, pero es un hecho que un grito es un castigo no físico activo (como también lo es amenazar, menospreciar, atemorizar…)

Cualquiera puede salir a la calle ahora mismo y encontrar una situación en la que alguien golpea, grita, estrangula, da toques, levanta como un yo-yo, da órdenes constantemente, arrastra e incluso da sermones a sus perros. La relación de esas personas con sus perros está fracasando, al igual que lo está haciendo la educación y la cultura general. No debería ser habitual encontrarnos con estas situaciones y demasiadas personas las ven con normalidad.

El castigo es un fracaso. Fracasamos cuando lo aplicamos y fracasamos cuando miramos hacia otro lado.

Educar o modificar una conducta requiere un esfuerzo, bien sea con o sin castigos. Siendo conocedores que existen técnicas que no los requieren, no es razonable usarlos. Si necesitamos usar castigos en alguna situación, deberíamos reflexionar no solo si se puede hacer sin castigos, sino sobre nuestra capacidad para enseñar y gestionar.

Cabe mencionar aquí que hay personas que no se sienten mal al aplicar castigos, más bien todo lo contrario: defienden los castigos y su “posición” de “mandamás”. Creo firmemente que esta gente, aunque sea de forma inconsciente también se siente mal y que si tuviera los recursos necesarios tampoco usaría castigos. Es más, estoy convencida que cuando más feliz es una persona menos castigos aplica.

Otras personas piensan que no castigar al perro es sinónimo de dejarle hacer “lo que le de la gana”, sin normas. Nada más lejos de la realidad. La educación del perro dependerá de la educación que reciba. Y siendo coherentes, si intentamos modificar una conducta a gritos solo enviamos el mensaje –cuando quieras algo grita-. No hay más remedio que dar ejemplo, no podemos pedirle a un perro que deje de hacer una conducta haciéndola nosotros.

No se trata de rechazar la educación, pero sí de dejar claro que dentro de la educación no cabe ningún tipo de castigo: sea físico o no. El problema es si tenemos claro qué es un castigo…

Si preguntáramos a alguien si le dice a su perro que no vale, que no piense por sí mismo, que sus ideas no son buenas, probablemente nos dirá que no, es más, si alguien hiciera eso con otro individuo haría que éste fuera miedoso e inseguro. Esto lo podríamos enmarcar en los anteriormente nombrados como castigos físicos no activos (amenazar, menospreciar, atemorizar…)

Podemos educar sin castigar y por lo tanto no tenemos excusas para hacerlo. No tenemos excusa para decirle a un individuo constantemente que sus ideas son malas, que no vale… no hay excusa para seguir usando esas correcciones que tanto escuchamos (shh, shh )

Es un hecho que los castigos (sean o no físicos) no caben en el mismo lugar que la educación, es más, la entorpecen.

Los castigos son el detonante de muchísimas agresiones por parte de perros, quizás tendríamos que plantearnos si son tales las agresiones o son simplemente el único medio que les queda para “librarse” de lo que les está sucediendo.

Los castigos estropean y destruyen la relación. Cuando un individuo está amenazado no vive, sobrevive.

Los castigos no indican a los perros que conducta “deberían” hacer, y pueden incluso reforzar la indeseada.

Los castigos pueden llevar a suprimir conductas que nos indiquen lo que va a pasar… saltándosela la próxima vez y pasando directamente a la acción.

Los castigos hacen que se acostumbren a ellos, que se acostumbren a no tener confianza en sí mismos, que se acostumbren a que la persona que vive con ellos es sencillamente impredecible.

Si queremos un perro calmado y educado tenemos que serlo, no podemos exigir aquello que no hacemos.

Si observamos a los perros vemos como ellos si tienen el deseo real de resolver conflictos, y por supuesto no usan castigos para ello. El castigo es resultado de la incompetencia de la persona que trata de educar.

Castigar no es educar, es simplemente castigar. Se puede educar de forma amable, por lo tanto se debe.

Si puedes enseñarle de forma amable… ¿Por qué no lo haces?

Cinta Marí